La Feria Internacional del Libro 2026 volvió a la Antigua Aduana: así se vivió la fiesta de la lectura en Costa Rica
Actualizado: 16 sept

La Antigua Aduana volvió a llenarse de libros, autores y lectores.
Costa Rica volvió a tener su cita anual con los libros, y esta vez en un lugar cargado de historia. La XXIV Feria Internacional del Libro (FILCR 2026) regresó a la Antigua Aduana, el histórico edificio josefino que durante años fue sede natural del evento, después de ediciones celebradas en otros recintos. Del 22 al 30 de agosto, sus corredores volvieron a llenarse de familias, lectores, editoriales y escritores en lo que la Cámara Costarricense del Libro, organizadora del evento, describió como un espacio que “favorece el encuentro entre familias, lectores y creadores”.
El regreso a la Antigua Aduana no fue solo un cambio de dirección en el mapa: para muchos asistentes fue un regreso simbólico al lugar donde la feria construyó buena parte de su identidad, con sus corredores de piedra y su atmósfera histórica como telón de fondo para la fiesta literaria más grande del país.
Guatemala, el país invitado de honor
Esta edición tuvo a Guatemala como país invitado de honor, con una delegación de más de diez escritores, poetas, investigadores y representantes culturales, además de la participación de Editorial Cultura y el conjunto musical Cuarteto Primavera. La presencia guatemalteca mostró la diversidad de un país expresada a través de la palabra, el pensamiento y la música: desde ganadores del Premio Nacional de Literatura hasta poesía contemporánea, literatura maya kaqchikel y poesía garifuna.

Los números de esta edición
La feria reunió 129 stands, entre 68 editoriales, librerías y negocios, más un espacio colectivo con 25 autores independientes. Pasaron por sus salas más de 60 autores nacionales e internacionales, entre ellos el escritor mexicano Guillermo Arriaga, en un total de más de cien actividades: talleres de caligrafía árabe, encuadernación japonesa, programación infantil, exposiciones de arte y una zona gastronómica con diez puestos de comida y cuatro food trucks repartidos en 3.200 metros cuadrados. La entrada, como siempre, fue completamente gratuita.
Entre las actividades más comentadas estuvo la conversación sobre literatura negra y las presentaciones de autores del cierre de feria, con charlas que fueron desde gestión cultural hasta novela policial. Una feria que, edición tras edición, sigue confirmando que Costa Rica lee, y que lo sigue haciendo con ganas de encontrarse.
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